El pasado 1 de junio Marilyn Monroe habría cumplido 100 años. La actriz tuvo una vida que puede parecer envidiable y, sin embargo, estuvo llena de tanta fama y dinero como de estrés y soledad.
Los estragos de una infancia dura pesarían siempre en su vida emocional que fue caótica. Pasó su infancia en hogares de acogida y orfanatos, ya que su madre, Gladys Pearl, una mujer soltera, no tenía los recursos necesarios para mantenerla.
A los 16 no le fue difícil decidir si contraer matrimonio con su vecino James Dougherty, de 21 años, o seguir con su vida de huérfana. Se casó y consiguió empleo en una fábrica de radiotransmisores del ejército.
Fue entonces cuando un fotógrafo de la armada le tomó unas fotografías que cambiarían su destino. En 1947 pasó a llamarse Marilyn Monroe y comenzó su carrera cinematográfica.
Tuvo una imagen sensual que alimentaba, y sin embargo, muchas veces también quiso abandonar. Quería ser tomada en serio como actriz.
No obstante, ella misma fue el principal obstáculo para que eso ocurriera. Desde que en 1953 fue portada de Playboy su historia ya se había escrito.
Su voluptuosidad y belleza la hicieron más famosa que sus dotes interpretativos. Su imagen de rubia tonta y sensual se consolidó con su rol en Los caballeros las prefieren rubias (1953).
Marilyn intentó modificar su suerte, en 1955 se mudó a Nueva York, donde estudió bajo la tutela de Lee Strasberg, director en ese momento del ya famoso Actor’s Studio.
Un año antes de morir, estuvo recluida en un hospital psiquiátrico, quería sanarse. Sin embargo, una cadena de sucesos desafortunados la llevaron a la tragedia que terminó con su vida en agosto de 1962.
Más allá de los misterios sobre su muerte (si fue suicidio o asesinato) es fácil deducir que su desequilibrio forjó su oscuro destino.
@luisauguetoliendo

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