viernes, 24 de mayo de 2024

100 años de Marlon Brando

 


 Marlon Brando no se consideraba un artista, hablaba con desapego sobre su trabajo y no le concedía importancia.

Para uno de los actores más importantes de la historia del cine, la actuación era un negocio: “No creo que ninguna película sea una obra de arte. Sencillamente no lo creo”, le dijo a Lawrence Grobel en la larga entrevista que aparece en el libro Yo confieso: Brando al desnudo (Robin Book, 2009).

En dicha entrevista repite en distintas ocasiones que la actuación: “es una muy buena manera de ganarse la vida”. Sobre los premios también tenía una opinión polémica, no le interesaban, tal vez por eso se negó a recoger el que ganó por su rol en El padrino en 1973.  

Al ser cuestionado por aceptar el Óscar en 1954 por su protagónico en La ley del silencio de Elia Kazan respondió: “He hecho muchas cosas idiotas en mis tiempos”.


Una leyenda

Marlon Brando no se tomaba demasiado en serio su profesión, aunque hacía su trabajo con disciplina y profesionalismo, le gustaba actuar, pero odiaba la fama.
Sobre todo en los últimos años de su vida, cuando las circunstancias que lo rodearon lo pusieron frente a las cámaras de infinidad de paparazzis. Su sobrepeso, la muerte de su hija (por suicidio), el encarcelamiento de su hijo (por el asesinato del novio de su media hermana) y otros escándalos influyeron en su imagen pública.  

Sin embargo, hablar de Brando es nombrar películas y escenas memorables. Si pensamos en el joven Marlon podemos recordar la cinta donde compartió créditos con Vivien Leigh, Un tranvía llamado deseo estrenada en 1951. El largometraje significó su primera colaboración en el cine con Elia Kazan y su primera nominación al Óscar.  

De esa época también es La ley del silencio (1954) donde representa el arquetipo de una época y una clase social. En esta década también es muy recordado su trabajo en Salvaje (1953), Brando en moto vendía más su porte y atractivo que sus capacidades histriónicas, sin embargo, en la película deslumbra por su talento.

Obviamente su rol en El padrino (1972) fue un antes y después de su carrera. Sobre su interpretación en esta cinta no hay nada nuevo que decir, voy a reiterar: es perfecta. Al momento de hacer la película Brando tenía mucho menos edad (50 años) que el personaje que interpretó (un hombre de más de sesenta), por lo que tuvo que caracterizarse.

No obstante, lo que más impactante en este rol no es el maquillaje, es la naturalidad con que aborda el personaje. Vito Corleone es un hombre duro, pero no agresivo, su fuerza se proyecta de adentro hacia afuera.

Sin su participación en Apocalypse now (1979), la película no habría tenido el impacto que ha conseguido con el paso del tiempo.

También podemos verlo en cintas más recientes como Don Juan de Marco (1995) donde comparte rol con Johnny Depp, quien años después de trabajar juntos dijo: “Marlon Brando es quizás el mejor actor de los últimos dos siglos. Su mente es mucho más importante que la actuación. La forma en la que mira las cosas, cómo no juzga, la forma en que las evalúa”, afirmó para la revista Far Out Magazine.

Resumir la carrera de Marlon Brando es una reto muy complicado, son muchas películas, hoy simplemente he querido celebrarlo porque se cumplen 100 años de su nacimiento y porque sí, porque para pensar en él no hacen falta excusas.

"Confesiones" (2023) en HBO Max

 

Juan Manuel Bernal protagoniza Confesiones (2023), el remake mexicano del largometraje español Bajo la rosa (2017), cuyo guion y dirección estuvo a cargo de Josué Ramos. En la versión azteca, la película, dirigida por Carlos Carrera, mantiene la tensión y el suspenso, pero aunque el espíritu de la original se mantiene, aquí todo termina siendo mucho más torcido.

Esto tal vez se deba a que esta nueva producción es mucho más explícita. En la película original se es más sutil al momento de exponer las circunstancias, lo que termina resultando conveniente a la hora de crear un producto mucho más cerca del arte. Sin embargo, el objetivo final de ambas se cumple: tener toda tu atención.

Las familias de clase media que esconden secretos y tienen doble vida son casi un cliché en el cine y las series desde hace más de cuarenta años; sin embargo, en esta cinta no son los secretos el elemento sorpresa, es el precio que deberán pagar por ellos.

Toda acción tiene consecuencias, aunque lo ignoremos o pretendamos obviarlo. En esta cinta los personajes comprenderán que es mejor no dejar de lado las equivocaciones, que es preferible asumirlas, aunque hubiese sido mejor no cometerlas.

En Confesiones, padre, madre e hijo reciben una visita inesperada luego de la desaparición de la hija menor. Un desconocido pretende obligarlos a negociar con la verdad.

¿Estás dispuesto a desnudar tus más íntimos pecados frente a los miembros de tu familia? ¿Cuánto te conocen los que creen que te conocen? ¿Cuánto conoces tú a quienes comparten la vida contigo?

Estas son preguntas que surgen al momento de ver este largometraje sobre las verdades que muchos guardan bajo la alfombra.



Confesiones gana poder con sus diálogos, con las historias personales de cada uno de los protagonistas. Como si fuera una obra de teatro, cada actor debe tomar las riendas de su interpretación cuando ocupa el rol estelar en esta historia que se alimenta precisamente de eso: de la fuerza de las actuaciones.

Al ser un relato que se desenvuelve básicamente en un solo ambiente (la sala de la casa), necesita de otros elementos para enganchar a la audiencia. Aquí no hay efectos especiales ni escenas de acción. En esta cinta, la emoción, la incertidumbre y el miedo vienen de las palabras, de la tensión psicológica en la que te ponen los protagonistas al exponerse unos frente a otros.

Las películas con un desenlace inesperado siempre son más interesantes que aquellas donde lo que ocurre se puede prever desde el inicio. Particularmente, me gusta que me sorprendan, no saber cómo va a terminar la historia. Este es uno de los principales atractivos de Confesiones: no te esperas el final.

Como bonus extra, la cinta también pretende dejarnos una reflexión ética con la que puedes o no estar de acuerdo, pero que te impulsa a cuestionarte. Siempre que el cine te obliga a hacerlo, la experiencia se enriquece.

Protagonizan también: Claudia Ramírez, Luis Gnecco y Emilio Treviño.


miércoles, 22 de mayo de 2024

¿Importa la vida privada de los actores?

 

El escándalo por el divorcio de William Levy crece a diario, el actor cubano de televisión y series  es el nuevo tema de conversación de los programas de espectáculos internacionales.

Su caso no es aislado, en general la vida privada (odios, amores, encuentros y desencuentros) de actores de todo el mundo son de las noticias más divulgadas (a veces incluso mucho más que el trabajo que realizan) desde que existe la industria del entretenimiento.

No obstante, que sea una circunstancia reiterativa, no significa que esto sea apropiado, útil o necesario. A fin de cuentas, ¿qué nos importa la vida privada de los actores?, ¿en qué nos afecta que fulano se case o se divorcie?, ¿por qué hay que tomarse el trabajo de juzgar la conducta de estas personas que simplemente representan personajes en cine o en televisión?

La profesión de actor no otorga ninguna cualidad especial, los intérpretes son personas comunes y corrientes, viviendo existencias extraordinarias. Su imagen cobra dimensiones que ni ellos pueden medir.  Sin embargo, la fama y el dinero no los hace poseedores ni de un sentido ético elevado ni de una inteligencia sobrenatural.

Como todos, cometen errores, sufren, tienen problemas personales y conductas reprochables, por lo que juzgar sus decisiones y comportamientos en la vida íntima, puede resultar tan decepcionante como si lo hicieran con cualquiera de nosotros.

Los actores no tienen que tener comportamientos heroicos lejos de la pantalla, solo deben representar con talento sus personajes, ese es su trabajo fundamental: actuar, lo que hagan en sus casas o con sus parejas, no afecta, en modo alguno, al espectador.

Entonces ¿por qué la prensa se empeña en involucrarnos en la vida ajena? Las revistas, páginas web y los programas de televisión alimentan el morbo de la mayoría al escudriñar las vidas íntimas de los personajes púbicos. Aumentan los hechos e incluso los inventan.

Sin embargo, algunos actores no parecen infelices porque se examinen sus vidas; por el contrario, colaboran, se sientan en los programas de televisión e internet a contar sus intimidades sin filtro.  

Es cierto que las entrevistas de personalidad son interesantes y es agradable conocer a los personajes del cine y la televisión en otros ámbitos, pero hay circunstancias desagradables o que deberían ser muy privadas porque no son del interés de nadie más que de los involucrados, entonces, ¿para qué las cuentan?

Lloran en redes sociales, confiesan sus rencores y problemáticas como si estuviesen en la sala de su casa, olvidando que el protagonismo que debería interesarles vender es el de su trabajo, las producciones que realizan, las películas que estrenan. Algunos le abren la puerta a los medios y cuando las quieren cerrar ya es demasiado tarde.

En general, me caen mejor los actores discretos que viven centrados en su trabajo. Siempre lamento que cuando pasa algo con sus vidas tienen que aguantar ver su tragedia en las redes sociales y medios de comunicación a diario.

No obstante, de los que hablan y de los que callan me importa una sola cosa: que actúen bien, el resto no es mi asunto, jamás me ha gustado meterme en la vida ajena.



Two distant strangers (2020)

 


Las peores pesadillas son las de la realidad. El  cortometraje  Two distant strangers (2020) utiliza un recurso de ciencia ficción como lo es un bucle temporal (un  período de tiempo que se repite una y otra y otra vez) para mostrar como la realidad puede ser mucho más absurda y por ende atemorizante.

En Estados Unidos el año 2020 estuvo lleno de disturbios y violencia debido al  crimen de George Floyd ocurrido el 25 de mayo. El hombre fue asesinado por la policía de una forma salvaje y absurda. Este hecho puso en evidencia que ser negro en USA (y en otras partes del mundo también) todavía sigue siendo peligroso, porque el crimen que se cometió contra Floyd estuvo relacionado directamente con su color de piel.

Tomando en cuenta este hecho Travon Free y Martin Desmond crearon una historia que sirve de metáfora sobre el modo en que algunas situaciones de la realidad siempre se repiten. Circunstancias que históricamente han sido detonantes de grandes problemas sociales, que a pesar de la tecnología y el cambio de paradigmas a nivel mundial no han podido erradicarse.

El cortometraje que tiene una duración aproximada de 32 minutos expone una porción de la realidad que viven los negros (afroamericanos) en Estados Unidos, quienes tienen que enfrentar (en pleno  siglo XXI) la intolerancia y los prejuicios por el color de piel.

El protagonista, un joven que se despierta en la cama de una chica con quién ha pasado la noche, debe enfrentar una y otra vez la intolerancia, en una pesadilla de ciencia ficción que viene siendo parte de la realidad que todos conocemos.  El racismo todavía es una fenómeno social  innegable que diario le cuesta la vida a muchos, tal y como ocurrió con George Floyd en el 2020.

En el cortometraje las acciones suceden de un modo muy parecido a como se han presentado en cintas más ligeras sobre bucles temporales. Sobre todo parece tener referencia directa de algunas que han tenido éxito estos últimos años. Hablo de películas como Feliz día de tu muerte (2017) o la  que protagonizó Tom Cruise en 2014: Edge of Tomorrow. También podemos recordar otra película anterior de mayor calidad, la alemana Corre Lola,  corre  de 1998.

Sin embargo, en este largometraje el tono ligero y fantasioso se pierde cuando comienzas a entender de que se trata y que más allá de ser una recreación proveniente de la imaginación de los realizadores, el cortometraje funciona como una metáfora de la horrible realidad.

En varias ocasiones estuve a punto de dejarlo sin terminar, porque aunque su duración es breve, es desagradable volver a escuchar una historia que resulta absurda. Ser racista es ser estúpido, además de vil y miserable. Esto queda claro en este cortometraje con corte juvenil y escenas ágiles muy entretenido y divertido que termina haciéndote pensar en circunstancias mucho más densas.
 

miércoles, 15 de mayo de 2024

El Hijo (Netflix/2019)

 


Un buen thriller usa elementos de la realidad. Los lleva hasta el límite para asustar al espectador, a quién invita a imaginar un mundo donde puede pasar cualquier cosa.

En general, la realidad supera a la ficción.  Sucede de todo en la vida y muchas veces lo que pasa no es bueno. Sin embargo, nos cuesta creerlo, en el fondo esperamos lo mejor, del mundo, del destino, de los demás.

 Quizás por esta razón (porque en el fondo tal vez la mayoría de los seres humanos somos ingenuos) un director de thriller inteligente sabe que este género para funcionar necesita tomar elementos de la vida cotidiana y mostrarlos de un modo retorcido. Es una forma de decirnos: “mira, esto que te parece conocido e inofensivo puede que no lo sea tanto, cuidado”.

 Sebastián Schindel (El Patrón, 2013) hace precisamente esto en El Hijo (2019). Utiliza un relato sobre un hecho cotidiano y trivial como el nacimiento de un niño para crear una historia de pesadilla.

 El amor maternal y el interés de las mujeres en tener bebés que en la vida puede ser visto con ojos de alegría y admiración, aquí se relatan desde un punto de vista no solamente negativo, también enfermo y tóxico.

Todos sabemos que para las mujeres (al menos para la gran mayoría) el tema de tener hijos puede ser el centro de su mundo. De hecho, en algunos casos se convierte en una obsesión. En la realidad este deseo es  visto con ternura. En El hijo, una historia sobre una madre, un esposo y un bebé genera todo menos simpatía y buena energía.

 El actor Joaquín Furriel trabaja de nuevo con Sebastián Schindel ( lo dirigió en El Patrón) en este thriller sobre cómo cualquier rutina cotidiana puede generar circunstancias funestas.

 Schindel  nos deja  saber que vivir es permanecer constantemente en la cuerda floja. Dime qué temes y te diré cómo puede volverse realidad.

 El mérito del director en esta película consiste en el modo en que inserta la duda en cada momento. No sabes realmente hacia dónde va la cinta hasta el final. No conoces a Lorenzo (Joaquín Furriel) ni a su esposa, hasta sus amigos se vuelven sospechosos mientras la cinta avanza.

 La película genera emociones diversas, pero sobre todo molestia ante lo poco claros que llegan a ser los personajes. Precisamente esto que podría ser un defecto no termina siéndolo. Al  final entiendes que no es un error del guion o la dirección. Esconder las verdaderas intenciones de todos los involucrados es uno de sus más grandes aciertos.

 El director lo hace con premeditación y alevosía para confundirnos.

El largometraje no está contado de una forma lineal. Hay retrospectivas y modificaciones narrativas en la trama que ayudan notablemente a que la confusión sea mayor. Los diálogos y las personalidades disfuncionales de los personajes principales (sobre todo el que encarna Furriel) colaboran siendo el marco perfecto de esta historia sobre la locura.

 El hijo es una de las mejores pesadillas que puedes presenciar en Netflix.

 La película está basada en la narración Una madre protectora de Roberto Martínez.

 

Publicada Originalmente en mi columna Cine para Llevar.

lunes, 13 de mayo de 2024

| Sandro de América en Amazon Prime

 

La miniserie sobre el cantante argentino Sandro es un homenaje y una invitación a descubrir a un artista único. Nada más por eso vale la pena verla, sobre todo si lo admiras, si conoces su música, si te interesa como personaje. Sin embargo, su narrativa llega a ser excesivamente dramática y melancólica, tanto que se percibe forzada.

Si bien es cierto que no conocemos a los artistas, y que muchas veces lo que vemos en escena y en pantalla no tiene nada que ver con la realidad, también es verdad que algunos son tan genuinos que nos muestran su personalidad en cada entrevista o presentación. Así era Roberto Sánchez, mejor conocido como Sandro, un tipo que vendía verdad en escena y en sus múltiples conversaciones televisadas, que hoy en día pueden verse en YouTube.

Tenía sentido del humor, una gran cultura y la inteligencia suficiente como para reflexionar sobre su vida sin dejarse llevar por el melodrama. La tristeza solamente podemos percibirla en sus canciones; él no parecía un tipo desolado, con tantos vacíos emocionales como es representado en esta historia que puedes ver en Amazon Prime.

La serie de 13 episodios empieza muy bien, porque nos muestra a un joven que físicamente se le asemeja mucho al cantante argentino, quien, además de belleza física, poseía un estilo y una personalidad magnética. Sandro quizás es el único cantante capaz de excitar a las mujeres aun después de muerto.

Ese estilo, esa magia que tenía en escena, la representa bien Agustín Sullivan. De hecho, sus episodios son de los mejores en esta ficción biográfica.

En el medio de la serie, el Sandro maduro, interpretado por Marco Antonio Caponi, también expone muy bien la personalidad del Gitano. Sin embargo, en esa etapa comienzan a aparecer situaciones que bordean la cursilería y convierten la historia del cantante argentino en un melodrama lacrimógeno, muchas veces absurdo.

En los episodios donde aparece Antonio Grimau interpretando a Sandro en sus últimos años de vida, la serie pierde el brillo y genera nostalgia y tristeza, dos emociones que realmente no convocó jamás la presencia de Sandro, quien incluso en el último periplo de su enfermedad se mostraba afable y entusiasta ante cámara.

Obviamente, las series biográficas no son un reflejo estricto de la realidad. Por el contrario, muchas veces se toman licencias para poder crear una historia que sea mucho más del agrado de quienes la perciben. No obstante, los recursos que se supone funcionan para estructurar un relato deben utilizarse para hacerle un bien al representado, no para perjudicarlo.

Ninguno de sus admiradores sabemos cómo fue Sandro en la intimidad, al menos no la mayoría. Se supone que la serie debía mostrárnoslo, pero en realidad nunca llegas a comprar del todo el discurso que se impone.

En Sandro de América, la lágrima fácil está a la orden del día, los discursos baratos son moneda corriente y las situaciones cliché son demasiadas como para dejarlas de lado.

Cuando termina la serie, en lugar de celebrar la vida de Sandro, la extrañas y deseas volver a verlo para convencerte de que su existencia no estuvo tan llena de dolor.

Supongo que el artista tuvo una existencia dura como cualquiera de nosotros. Sufrió como el resto de los mortales, a fin de cuentas era uno, pero no me pareció justo que esta ficción convirtiera sus vivencias en un melodrama que llega a ser de mal gusto.

Sandro es eterno; esta ficción, prescindible.


Publicada originalmente en mi Columna Cine para Llevar del periódico CCS.

 

Todos los textos originales de Luisa Ugueto. 2025.