miércoles, 4 de marzo de 2026

Envidiosa 3

 


Vivimos esperando que pase algo importante para sentirnos satisfechos. “Cuando tenga un nuevo amor, cuando regrese mi viejo amor, cuando lleguen los hijos, cuando consiga ese trabajo, cuando mejoren mis finanzas, cuando me mude a otro país”, esas y otras frases se nos escapan ocasionalmente. La felicidad siempre está adelante, en el futuro, ese lugar inexistente. El personaje que interpreta magistralmente Griselda Siciliani en la tercera temporada de Envidiosa va más allá, vive en conflicto esperando que sus circunstancias cambien y también en la insatisfacción y en la inseguridad, luego de conseguir lo que supuestamente desea.

A Vicky, en esta temporada de diez episodios, la forma más fácil de definirla es como una loca que no sabe lo que quiere, y aunque puede que sea verdad eso, que está loca y que no sabe lo que quiere, sobre todo es una persona de esta época: siempre intentando seguir el modelo de éxito que la sociedad propone.

La casa, el carro, la pareja, el perro, la estabilidad económica y los niños son algunos de los deseos que persigue la protagonista de un modo casi obsesivo. Su actitud refleja cómo el miedo y las imposiciones sociales son un cóctel macabro que puede llevarte fácilmente al sufrimiento innecesario e incluso compulsivo. Sufrir por gusto puede parecer una idiotez, pero también es un hábito difícil de dejar si lo alimentamos con pensamientos limitantes y creencias erróneas, debido a un pasado doloroso.

Somos lo que hemos sido y lo que vivimos puede que nos defina de alguna forma; sin embargo, al igual que los personajes de Envidiosa, todos debemos buscar una puerta de salida para abandonar esos hábitos mentales que nos generan infelicidad, ansiedad y miedo.

La serie atrapa por todo lo que tiene de real, por lo mucho que se parece a la vida que conocemos y a los personajes que frecuentamos. Todos hemos sido un poco como Vicky en algún momento y todos conocemos a una Vicky, que distorsiona la realidad e influye en ella con sus percepciones erradas y sus conductas absurdas.

Con humor, música, buenos diálogos y mejores actuaciones (de todo el elenco, pero debo hacer mención especial a la protagonista, Griselda Siciliani, y a Lorena Vega, en el rol de la psicóloga Fernanda), la ficción nos demuestra que la mejor forma de enfrentar los problemas, sobre todo los ocasionados por nosotros mismos, es aprender a ver con objetividad y distancia nuestras conductas, muchas veces compulsivas y llenas de drama innecesario.

El formato comedia casi siempre puede ser mucho más efectivo para mostrar situaciones serias y perjudiciales de la vida cotidiana. Nada más beneficioso para ver la realidad que reírnos de ella. En esta temporada no faltan ocasiones para hacerlo. La serie brinda una buena dosis de humor y de realidad en partes iguales, ambos elementos son la combinación perfecta que nos permite conectar con la historia.

Por su realización impecable, por su banda sonora, por las reflexiones que genera directa e indirectamente, la temporada tres de Envidiosa es una oportunidad para reírse de uno mismo, del entorno, pero sobre todo de una sociedad que exige mucho más de lo que da.

Luisa Ugueto Liendo

Instagram: @luisauguetoliendo

Frankenstein (Netflix, 2025)

 ¿Estás dispuesto a seguir siendo una buena persona en un mundo donde te acechan los villanos? Esa es una de las preguntas fundamentales que parece hacernos Guillermo del Toro en su versión de Frankenstein, clásico de Mary Shelley, publicado en 1818.

Esta versión fílmica cuenta la historia del libro: un hombre de ciencia juega a ser Dios y genera circunstancias inesperadas. Sin embargo, el director mexicano le otorga una nueva perspectiva a la original, modificando algunos elementos del argumento, además de otorgarle una visión renovada.

Guillermo del Toro no se conforma con adaptar el libro en la pantalla grande tal y como lo recibe de la autora; él se encarga de interpretarlo y darle su propio sentido. En su particular forma de ver el mundo no hay lugar para clichés ni frivolidades. El director es profundo en sus apreciaciones y reflexiona en la cinta sobre el bien y el mal, la incidencia del entorno en el comportamiento humano, la soledad, el perdón, la ira y la necesidad del amor en la vida cotidiana.

En el largometraje, la criatura (Jacob Elordi) no es lo que parece. El “diferente”, el “raro”, el “monstruo” termina siendo más racional, honesto, justo y bondadoso que aquellos que se supone deberían serlo. Guillermo del Toro en casi todas sus películas plantea directa e indirectamente que, a diferencia de la belleza física, la del alma no puede maquillarse, y llega a ser la más relevante, pues de ella dependen las acciones que acometemos todos los días. Al director mexicano le encanta mostrar el verdadero rostro de los “monstruos”, quienes poseen una belleza imperceptible a primera vista.

En la cinta, que dura más de dos horas, la “fealdad” del protagonista contrasta con su ingenuidad en un mundo que nunca ha sido ni bueno ni ingenuo y donde tener comportamientos deleznables es más fácil de lo que parece.

En ese aspecto ahonda la cinta, en mostrarnos cómo la maldad y el egoísmo van de la mano y no necesariamente pueden ser ejecutadas en situaciones dramáticas. Hacer daño es más cotidiano de lo que parece.

Un ego desmedido puede destruir imperios enteros; los hombres que siguen sus ideas, solo pensando en su propio beneficio, sin medir las consecuencias de sus actos, destruyen, hieren, perjudican sus propias vidas y las del resto.

A veces los motivos no son malvados; bien dicen que “de buenas intenciones está lleno el infierno”; muchas veces las causas más elevadas terminan pervirtiéndose.

Víctor Frankenstein (Oscar Isaac) es el encargado de materializar el caos en su vida y el de su entorno para satisfacer sus caprichos y pasiones; toma decisiones equivocadas que lo llevarán a vivir situaciones extremas y a generar múltiples tragedias involuntariamente.

En Frankenstein, Víctor no conoce los límites morales. Desde el comienzo de la película, su comportamiento cruel y prepotente genera aversión. A pesar de ser uno de los héroes, ¿terminará siendo un villano de esta historia?

Esta es otra pregunta que te acompañará hasta el final. En la cinta, los personajes tienen roles complejos; nada es blanco o negro. En este sentido, las circunstancias de las que somos testigos en el largometraje son una oportunidad para tratar de entender que cuando hablamos de seres humanos es muy difícil llegar a una sola conclusión; toda verdad tiene matices y oculta una (o varias) mentiras.

No siendo una cinta sosa y mucho menos superficial, sorprendentemente la película está muy lejos de tener una visión oscura o pesimista de la vida, tal como sucede en el libro. Es una inyección de optimismo y vitalidad, pero desde la óptica de seres que se encuentran en los únicos lugares donde ambos elementos son mucho más visibles: en la oscuridad del corazón humano, en la desesperanza y la muerte. Se aprecia más la vida cuando se teme perderla.

A diferencia de Mary Shelley, Guillermo del Toro termina filmando una cinta que es una invitación a seguir adelante pase lo que pase y caiga quien caiga. Una película que reivindica la travesía de los seres humanos hacia el autodescubrimiento y la necesidad de buscar la libertad como fin último de la vida, además del camino más corto hacia el amor por los demás y por sí mismo.

Luisa Ugueto Liendo

Instagram: @luisauguetoliendo

Con esa misma mirada

 

La telenovela Señora Isabel, original de Bernardo Romero Pereiro y escrita con la colaboración de Mónica Agudelo a inicios de los 90, ha tenido múltiples versiones durante los últimos treinta años. Con esa misma mirada, serie de tres temporadas que estrenó la plataforma de streaming Vix, es una nueva forma de abordar esa historia que sigue generando interés.

Esta producción de Argos Televisión tiene como referente directo otra versión de la original realizada a finales de los años 90, Mirada de mujer, protagonizada por otra Angélica, Aragón, y el actor mexicano Ari Telch. Sin embargo, en esta versión cada temporada tiene muy pocos episodios (ocho cada una), por lo que se vieron en la obligación de tomar la esencia de la historia y modificar ese relato sobre una mujer de cincuenta años que descubre a la mitad de su vida que tiene que cambiar todo lo que le parecía inamovible.

En los años 90, cuando apareció Señora Isabel, la vida era muy diferente a la que conocemos hoy; las mujeres estaban aún más acorraladas por los prejuicios y los estereotipos sobre el rol que debían desarrollar en sociedad. Esa telenovela terminó siendo un ensayo sobre los problemas que se les presentaban en la vida moderna: el doble rol de esposa y madre, la vida profesional, los prejuicios relacionados con la edad en las relaciones, la libertad sexual, la infidelidad en el matrimonio, los cambios físicos, entre otros.

En esta nueva versión, que vuelve a todos esos temas desde otros puntos de vista, no sé si el planteamiento de la original produce el mismo impacto. La serie, que tiene una realización de 20 puntos, diluye de algún modo el argumento original y se centra mucho más en la historia de amor; además, cambia aspectos relevantes de la original. Por ejemplo, el oficio de la protagonista tiene mucho más sentido que sea un ama de casa sin profesión alguna, como en la versión original, a que tenga una, en Con esa misma mirada. Eloísa (Angélica Rivera) es pintora.

Otro aspecto que cambia la perspectiva de la historia es el físico de la protagonista. Angélica Rivera está muy lejos de parecer un ama de casa convencional; por ende, es más creíble la pareja que hace con el joven periodista interpretado por Diego Klein. En el romance, el tema de la edad está presente, pero no es un contratiempo fundamental.

La serie presenta una historia que se centra en contar una anécdota, donde todo termina siendo mucho menos dramático que en las versiones anteriores. Los problemas tienen solución mucho más rápido, no solamente porque la extensión de la historia lo amerita, sino porque en esta época, los conflictos que anteriormente eran muy graves, ya no lo son tanto.

El divorcio ya no se percibe como una catástrofe; las mujeres no ven el matrimonio como la única fuente de realización ni a los hijos como la excusa perfecta para tener una vida.

Los tiempos están cambiando y las mujeres ya no tienen que asumir (de no desearlo) un rol determinado y mucho menos vivir bajo los parámetros impuestos por otros.

La serie funciona muy bien mostrando las dinámicas modernas de las familias y los vínculos sentimentales e incluso sexuales; quizás por eso no decepciona. Finalmente, cumple con la aspiración de su autor original, utilizar la televisión para reflexionar sobre la vida en sociedad.

Luisa Ugueto Liendo

Instagram: @luisauguetoliendo

Todos los textos originales de Luisa Ugueto. 2025.