Quizás El Gran Pez es una película muy reciente para ser considerada un clásico. Sin embargo, dentro de la filmografía de Tim Burton lo es. Esta cinta, estrenada en el año 2003 combina realidad y fantasía para cuestionarnos constantemente sobre la necesidad de vivir más allá de las "verdades" de la vida cotidiana.
A fin de cuentas, la existencia humana es mucho más de lo que vemos, es mayor que nuestros prejuicios, más grande que la realidad que percibimos diario y mayor -afortunadamente- que nuestros errores y estupideces.
La percepción que tenemos de la realidad, más allá de los hechos, es subjetiva y está siempre condicionada por quienes somos, nuestras vivencias e historia personal.
Tim Burton lo sabe y usa a su personaje principal, Edward Bloom (Ewan McGregor joven y Albert Finney de mayor) para hacernos una pregunta que se repite varias veces en la película: ¿qué es mejor: ver la vida tal y como es o darle un cariz creativo que la eleve más allá de sus circunstancias muchas veces precarias?
El Gran Pez reúne un conjunto de pequeñas historias enmarcadas dentro de una más grande. La relación de un padre y un hijo, la vida de una familia con vínculos rotos es el centro de este relato sobre lo valioso que puede ser tener una mirada perspicaz sobre los acontecimientos que protagonizamos todos los días.
No importa lo que nos pasa. Lo importante es lo que nos decimos sobre lo qué nos sucede. Esta idea que ha sido repetida en incontables libros de autoayuda, psicología, filosofía y desarrollo personal cobra gran importancia en esta historia.
Para Edward Bloom la vida común y corriente, la de todos los días está llena de vulgaridad, de situaciones prescindibles. Él es un soñador.
Los soñadores, los que se resisten a vivir solamente para la rutina cotidiana, generan una estela de satisfacción y beneficios para sí mismos y el mundo que los rodea. No obstante, también pueden volverse el blanco de críticas y tienen detractores, no a todo el mundo le gusta la gente que vive buscando una segunda opinión sobre los acontecimientos.
En El Gran Pez, padre e hijo tienen visiones opuestas de la vida, el primero es un soñador y el segundo un escéptico. Este duelo entre ambos da lugar a las mejores escenas de la película.
La fotografía y los escenarios rocambolescos de este largometraje encajan muy bien en el universo que Tim Burton crea siempre en la mayoría de sus cintas. Aunque, a diferencia de otras, El Gran Pez no es para nada oscura, por el contrario, es de las más esperanzadoras que el director haya filmado.


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