lunes, 11 de marzo de 2024

Rebeca (1940)

 


Todos tememos hacer el ridículo, no ser queridos, fracasar, darnos cuenta de hemos arado en el mar. Nada nos pone más ansiosos que las dudas y nadie tiene más dudas que el que pretende construir junto a otro un mundo paralelo, distinto y distante del resto, sobre todo de los anteriores, de aquellos que en otro espacio y tiempo han ocupado el lugar que ahora nos ha tocado en suerte.

En “Rebeca” (1940) de Alfred Hitchcock el personaje de Joan Fontaine contrae matrimonio con un hombre que parece estar más solo que ella, un viudo encarnado por Laurence Olivier. La primera mujer del protagonista, Rebeca, está muerta y sin embargo se encuentra tan  presente en la historia como el resto de los personajes.

A diferencia de la protagonista, ella si tiene nombre y es mencionada hasta el cansancio. Es extraordinaria, única, según todos aquellos que la conocieron, en contraposición con  la  timorata y acomplejada nueva señora de Winter: “no soy la clase de mujer con la que los hombres se casan” advierte antes de aceptar la petición de matrimonio.

Tampoco es la clase de mujer acostumbrada a manejarse en ambientes parecidos al de Manderley, la mansión de la que es, en su nueva situación, dueña, y que está  bajo el mando de Mrs. Danvers, una muy solícita empleada de la primera esposa. 

La película, basada en una novela de Daphne du Maurier, sobrecoge el ánimo tras las paulatinas revelaciones que se hacen sobre la difunta, quien llega a ser una presencia incomoda sin rostro, ni voz, ni gestos, pero corpórea en el mundo de las ideas que es, a veces, el que más miedo ocasiona.

Hitchcock remarca en  las situaciones cotidianas  el carácter de los personajes, la trama de este filme termina siendo una  escalera compleja de la que puedes caerte si no ves las pequeñas hendijas de cada escalón. “¿Cree que los muertos nos observan?” dice Mrs. Danvers (Judith Anderson) a la tímida protagonista, no sé si en la realidad,  pero en la cinta, un fantasma nos acompaña las más de dos horas que dura el filme.

“Rebeca” (1940) es una buena forma de celebrar el sutil encanto del cine de misterio que tanto ha influido a las nuevas generaciones.

Alfred Hitchcock tuvo una destacada carrera como director, productor y guionista de cine, además se hizo muy popular debido a su programa de televisión donde presentaba pequeños episodios de misterio y suspenso que llegaban a todo tipo de público.

No sé cuanto lo conocen las nuevas generaciones, pero Hitchcock no solamente fue un director popular entre el público, también se ha convertido, con el paso del tiempo, en un realizador que ha sido homenajeado en múltiples ocasiones por otros que buscan reproducir la atmósfera de sus películas en producciones nuevas.

Una de sus primeras películas es “Rebeca” (1940) la cual contó con once nominaciones a los premios Óscar, de los cuales ganó dos, entre ellos el de mejor película.

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