jueves, 17 de julio de 2025

Re loca (Netflix)

 

En la vida hay momentos donde te conformas con todo. Sabes que te sientes mal, sabes que lo estás, que no te gustan tus circunstancias ni la forma en que te tratan los otros, pero sigues esperando que pase un milagro o que todo caiga por su propio peso.

La mayoría de las veces eso no sucede y tienes que tomar acción para ver cambios. Hasta que un buen día, como si fuese el resultado de un hechizo, decides cambiar de forma de ser y empezar a poner en su lugar a tu entorno y lo que es más importante a ti.

Con esa premisa comienza Re loca (2018) la versión argentina del largometraje chileno Sin filtro (2016) de Nicolás López.

Natalia Oreiro, que siempre ha tenido grandes cualidades para el humor, encarna a una mujer que de forma involuntaria reflexiona sobre su vida y decide ponerse como prioridad.

Ámate a ti misma, abraza un árbol, cultiva tu autoestima, todas esas frases cliché ¿qué significan? Nunca las entendemos cuando nos las dicen. En Re loca, la protagonista comenzará a ponerlas en práctica de una forma un poco histriónica que terminará sorprendiendo a quienes la conocen y a los espectadores de esta comedia dramática.

Lo que la sociedad muchas veces llama locura está más cerca de la cordura de lo que muchos se atreverían a aceptar. A veces ir contra la corriente y hacer lo inesperado más que un acto de desequilibrio mental puede ser una prueba del afecto profundo que tienes por ti mismo.

Eso precisamente es lo que le ocurre a la protagonista, quien, al igual que Jim Carrey en Mentiroso, mentiroso (1997), se decide a decirle la verdad a todos con los que tiene un vínculo iniciando un viaje que la lleva a estar en un lugar de aparente descontrol.

La sinceridad siempre te libera, la mentira te destruye. La protagonista de esta historia comienza a entender esa frase mientras nos hace reír y reflexionar sobre lo importante que es, no solo vincularse con otros desde la honestidad, también lo necesario que será hacerlo con uno mismo. Puedes mentirle al mundo entero, pero a la persona que te mira en el espejo mientras te cepillas los dientes jamás.

En un mundo donde decir la verdad es una rareza, donde una gran parte de la población finge estados de ánimo y estilos de vida en redes sociales, la mentira es un hábito que nos diezma la alegría. Hay formas de mentir que están totalmente normalizadas: aceptar lo que no nos gusta, decir que no pasa nada cuando pasa todo, callar ante humillaciones y malos tratos. La sinceridad es una forma de poner límites a los otros y a uno mismo.

Re loca es una comedia que sin proponérselo te deja asistir a la emancipación de una mujer que estaba acostumbrada a soportar de todo hasta que se harta, lo que nos permite disfrutar del maravilloso espectáculo que ofrece alguien que decide hacerse valer y tratarse con autorrespeto.

Luisa Ugueto Liendo

Instagram: @luisauguetoliendo

La venganza de Analía 1 (Netflix)

 

Como Edmundo Dantés, el personaje de Alejandro Dumas, Analía (Carolina Gómez) asume como objetivo de vida vengarse de quien destruyó su mundo en esta serie colombiana, que emociona desde el primer capítulo al último.

Algunas personas dicen no haber odiado nunca; tal vez la vida no les dio motivos. Cuando tienes razones, no hacerlo es complicado; supone una lucha interna entre el bien y el mal que vive en cada uno. De esto trata la serie colombiana La venganza de Analía, disponible en Netflix y protagonizada por Marlon Moreno y Carolina Gómez.

La serie es un drama político que gira en torno a la vida de Ana Lucía, quien, en medio de acontecimientos traumáticos, decide ejecutar una venganza en contra del asesino de su mamá.

La ficción comienza en los años noventa, refleja su niñez en Colombia y luego se ubica en época actual, cuando se reencuentra con este hombre, el político Guillermo León Mejía (Marlon Moreno), con quien inicia una relación laboral para ejecutar su plan y poder destruir su carrera y su vida. En el camino, las cosas se tuercen y el sentido de su plan cambia.

La serie toca muchos temas y reflexiona sobre la realidad (aunque es ficticia, los personajes se asemejan mucho a los que nos rodean) y fluye como un ensayo sobre lo que puede pasar internamente con quienes permiten que el odio sea el centro de su vida.

Odiar es un arte y una profesión si se ejerce 24 horas al día durante los 365 días del año. Si todo lo que haces está dirigido a devolver el golpe que una vez te dieron. Si decides hacer caso de aquel viejo refrán: "ojo por ojo", tu mundo interior se transformará, y eso es lo que ocurre con la protagonista.

Desde El conde de Montecristo (1844), el tema de la venganza ha sido ampliamente analizado en obras de ficción.

Ante una ofensa, la vida te pone en un camino de dos rutas. La primera: seguir adelante sin mirar atrás, olvidar los daños que te han ocasionado. La segunda: devolver los golpes infligidos, aunque al darlos, termines destruyéndote.

La serie, además de contar con buenas actuaciones y una trama que genera interés episodio tras episodio (aunque es larga), te obliga a mirar la forma en que nuestras emociones pueden controlar lo que hacemos y armar o destruir la propia vida.

Además, muestra que el odio no solamente puede ser un veneno para el alma; también (y aunque se empeñen en negarlo), un combustible para no sucumbir ante los infortunios de la vida.

Esperemos el nuevo rumbo de la historia en la segunda parte, que pronto será estrenada también en Netflix.

 

Luisa Ugueto Liendo

@luisauguetoliendo

¿Qué te importa la vida privada de los actores?

 

Todos tenemos vida privada, los odontólogos, los abogados, los ingenieros, los plomeros, los directores de cine y, también, los actores. La vida privada es precisamente eso: privada, nadie tiene que inmiscuirse, no debe ser del conocimiento público.

Generalmente, cuando vamos al odontólogo, no medimos la calidad de su trabajo basándonos en su vida privada. No le preguntamos: "¿Es usted fiel?, ¿es buen padre?, ¿es honrado?". A nadie le importa lo que hace en su vida personal la persona que se va a encargar de cuidar los dientes. En el mundo artístico no pasa de ese modo: un buen actor puede terminar con su carrera si cae en desgracia con la opinión pública. Al público y a la prensa les importa demasiado su preferencia sexual, sus hábitos e intereses, sus opiniones políticas y, por supuesto, sus relaciones.

¿Por qué importa tanto si un actor fue infiel, si le gustan los hombres o las mujeres, si es honrado o un ladrón? ¿Influyen las decisiones morales de los actores en su desarrollo interpretativo? Creo que no. Hay actores bondadosos, mediocres e imbéciles, increíblemente talentosos; sin embargo, al parecer lo que hagan en su vida personal (y cómo son) tiene a veces más repercusión que sus méritos artísticos.

Recientemente, se estrenó la serie sobre el escritor y actor mexicano Roberto Gómez Bolaños. La ficción se centra en exponer una visión particular de su vida personal. En redes sociales, los comentarios no se han hecho esperar. Al parecer, a todos les interesa su matrimonio y posterior divorcio, entre otras singularidades de su vida sentimental.

Los comentarios de la audiencia no están orientados a su talento para contar historias, su calidad interpretativa o el éxito que generó con las producciones de las que fue creador y protagonista.

En internet se han dedicado a juzgar su comportamiento desde la superioridad moral que brinda el anonimato en redes. Al leer comentarios desagradables y ofensivos sobre el famoso Chespirito y su vida sentimental, no puedo dejar de preguntarme: ¿por qué importan tanto esos asuntos de los que poco a nada se puede saber a ciencia cierta?

Después de todo, un 90% de lo que se sabe son especulaciones. Solo los involucrados conocen la verdad de los hechos y de conocerlos a cabalidad, ¿qué importa si se enamoró, si dejó a la esposa, si tenía diez mil amantes? ¿Qué tiene que ver eso con su obra?

Aquellos que se ocupan de juzgar la vida privada de un actor y no saben separar a la persona de su trabajo tienen una visión superficial sobre el arte; se ocupan más del chisme que finalmente de lo que genera como artista y eso es ofensivo, sobre todo si sucede con uno del tamaño de Gómez Bolaños.

Es importante aprender a separar la obra de la persona. Son dos elementos diferentes que tienden a confundirse. Esto podría hacer la diferencia, sin perder de vista que el papel de juez que asume alguna gente es, además de desagradable, absurdo. ¿Por qué mejor no se ocupa cada uno de lavar su ropa sucia y deja de mirar la del vecino?

 

Luisa Ugueto Liendo

@luisauguetoliendo

viernes, 4 de julio de 2025

Escribir a sangre y fuego, a propósito de Los Platos del diablo de Eduardo Liendo

 

Todo el que ha intentado escribir sabe lo difícil que es,  todos admiran a los escritores, pero pocos saben que ser escritor no es igual a  graduarse de una carrera en la universidad en cinco años, es una vocación  a veces frustrante e infructífera. Tras comenzar su tarea, el escritor participa en un juego donde la consecución de la obra es el premio a recibir. Se enfrenta consigo mismo, con sus posibilidades y limitaciones, trata de encausar su necesidad de expresión, de dar con las palabras justas que refieran lo que se ha planteando de antemano como ideas en su imaginación. Entre ese camino del querer decir y la consecución del modo apropiado para hacerlo, cualquier autor puede perderse.
 

Eduardo Liendo diserta en Los platos del diablo sobre el universo de la creación literaria.

La vida de Ricardo Azolar transcurre entre su pertinaz esfuerzo por escribir y su empleo en una editorial, no imagina su destino como una continuación de las circunstancias en las que nació: adversas, precarias, mediocres a su modo de ver, y toma la literatura y los libros como el único vínculo con el mundo que más le gusta. Desde su infancia determinó su destino como escritor, pues posee una autoestima que excede los límites de sus propias habilidades en el campo de la literatura, siempre necesitó crear un texto estimable, que lo ayudara a combatir los desaires que sufre en otros aspectos de su vida.

Sin embargo, a pesar de su interés legítimo, y su empeño fervoroso por llegar a construir un universo narrativo que lo pudiese catapultar a la palestra literaria, no lo lograría de un modo transparente:

"Sí, él emprendió esa aventura. Pero cada nuevo esfuerzo culminaba en otra imposibilidad. Las malditas palabras. Era cierto lo que escuchó decir alguna vez a Malva Granados: el escritor —dijo— es el más desprovisto y desvalido de todos los artistas, no posee sino las palabras, las mismas palabras gastadas de todos los días, para intentar algo perdurable" se dice en la novela.
  

A través de la  imposibilidad de este personaje, Liendo construye un discurso que revela algunas aproximaciones sobre lo que significa el hecho de la creación. Azolar se encontraba en la búsqueda de la forma “perfecta”,  nada de lo que lograba le parecía meritorio, nada era suficiente para él, necesitaba una obra que le garantizase la perpetuación en el tiempo, la gloria literaria.

Por el contrario, para Daniel Valencia, el otro escritor que hace parte de esta historia, con un ambiente familiar favorable y una vida que podría calificarse como feliz, lo más importante era simplemente ponerse a la tarea de concebir la obra según sus propias necesidades, sin esperar el ojo aprobador del lector, no le interesaba el éxito, tan sólo el ejercicio de la escritura.
 

Ambos personajes prefiguran arquetipos del escritor. Azolar: solitario, con una vida signada por la lectura y los libros, alejado de otro tipo de intereses. Valencia, por el contrario, es completamente opuesto, su imagen no es la de un escritor convencional: “incluso en su modo de vestir se advertía cierta originalidad... Su figura correspondía mejor a la supuesta en un juvenil jugador de tenis que en un escritor” (Eduardo Liendo, Los platos del diablo, 24).

A través del encuentro entre estos dos personajes la trama cobra vida, la presencia femenina —se enamoran de la misma mujer, Lisbeth—, la insatisfacción y los celos serán los puntos de quiebra de una relación que culmina en el crimen, del cual ya tenemos conocimiento a partir de la primera página.

Liendo echa mano de la estructura de la novela policial para presentarnos los hechos. Sin embargo, la trama policial es apenas un recurso que busca reafirmar el sentido de  lo literario,  pues el motivo del crimen es precisamente el robo de un manuscrito, mediante el cual, a través del plagio, Azolar consigue por fin la anhelada consagración.

Luego será descubierto precisamente debido al mismo, a través de la pesquisa detectivesca. La literatura, que tanto luchó por poseer, es la causante de su tragedia personal, vinculada con la desesperación y la insatisfacción que le trajo el éxito, el cual no fue el refugio que había esperado.

El ritmo de la narración de Los platos del diablo la vincula con otra obra, que es una referencia constante dentro de la novela, tal vez como un guiño al lector: El extranjero, de Albert Camus, novela corta pero intensa, que atrapa desde la primera línea, y cuyo personaje principal posee, al igual que Azolar, características psicológicas especiales.

En Los platos del diablo la literatura es el centro, objetivo y posibilidad de hallar el sentido de la existencia. Diálogos imaginarios entre Sartre y Wilde divagando sobre el rol del escritor, citas y referencias, son parte de los elementos que constituyen la novela como un relato autorreflexivo que explora el mismo hecho de novelar, el mundo en que pueden vivir los escritores, las dos caras del ejercicio de la creación, la sequedad narrativa (Azolar) en contraposición con el talento   (Valencia).

Finalmente, la historia que leemos, la escrita por Eduardo Liendo, la novela en sí —Los platos del diablo— es a su vez la que construye Ricardo Azolar, el escritor de ficción, desde su encierro en la cárcel.

Eduardo Liendo, en Los platos del diablo, hace de la literatura un motivo para escribir, avalando un principio esbozado por uno de sus personajes, Daniel Valencia:

"¿Por qué no haces de tu sequedad, tu vacío, tu nadería, una materia aprovechable? Si insistes tanto en el asunto como soporte de la estructura novelística, ahí tienes un motivo tan importante como cualquier otro. En todo caso, la originalidad radica en el tratamiento, en el punto de vista, en la inusitada asimilación de las influencias. Es siempre un juego" 

Los platos del diablo constituye un homenaje profundo a la literatura y su ejercicio que vincula al lector con los vericuetos de la ficción, trayendo consigo un debate silencioso sobre la creación.

Texto publicado originalmente en Letralia 

Todos los textos originales de Luisa Ugueto. 2025.