sábado, 29 de marzo de 2025

Blancanieves y la inclusión forzada

 

La nueva versión live action de Disney nos obliga a pensar que los tiempos han cambiado para la productora más famosa de películas para niños. No les bastó con filmar La sirenita lejos de los parámetros de la original (que terminó siendo muy buena, a pesar de todo); ahora estrenan una nueva película de Blancanieves que decepciona (incluso antes de verla) empezando por el casting, porque podemos intuir sus intenciones espurias, otra vez guiadas por la dictadura de la inclusión forzada y lo políticamente correcto.

Comencemos por la protagonista: la joven Rachel Zegler no da el tipo del personaje principal. La historia se llama Blancanieves porque se supone que la heroína es blanca como la nieve. Parece una obviedad y se podría pensar que sería imposible que los encargados del casting en Disney no estén en capacidad de ver que esta actriz (bella y seguramente muy talentosa) no entra en el perfil. Para el personaje, su aspecto es supremamente importante e incide en la trama. Si Blancanieves no se ve como Blancanieves, ya de entrada genera fastidio.

Siguiendo con el elenco, es más que evidente que la actriz que interpreta a la madrastra, la israelí Gal Gadot, es hermosa. Si usas a una actriz bella para interpretar a un personaje no tan agraciado, el rol pierde credibilidad desde el comienzo. Necesitaban contratar a una intérprete con una belleza un poco más discreta. También parece obvio que una mujer con su rostro no podría envidiar a otra, como sucede con su personaje en la historia original.

Ante tantos cambios, es casi obligado preguntarse: si a la gente de Disney le parece que las historias clásicas no son "inclusivas" o muestran arquetipos femeninos "degradantes" o "anticuados", ¿para qué vuelven a ellas? ¿Por qué no filmar historias nuevas con otros personajes?

En esta época, el afán por ser políticamente correcto bordea el ridículo y pone en riesgo lo verdaderamente importante en el mundo del cine: las obras, el factor entretenimiento, el arte que puede generar una película bien hecha.

El cine no tiene que ser un tratado de sociología. Ningún largometraje posee la obligación de convertirse en un manual para la vida o una representación ideal de la realidad donde todos podamos vernos reflejados: negros, blancos, chinos, gordos, flacos. Hay historias de todo tipo; no necesariamente cada una debe representar una parcela de la realidad, dar una lección o enseñarnos moral o ética. El cine no es para eso, y mucho menos el de fantasía que se supone hace Disney.

El cuento original de Blancanieves no busca juzgar el racismo; ¿costaba mucho no juzgar el color de la piel de la protagonista en esta nueva versión? La historia clásica no pretende aleccionar a las mujeres sobre el feminismo, es un cuento; no necesariamente la heroína tiene que ser una mujer empoderada que va buscando su independencia y realización personal. ¿Por qué no respetar el relato original?

En esta época, se han empeñado en utilizar los temas sociales en boga para transformar historias que están muy lejos de ser políticas o de crítica social.

¿Por qué Disney odia los cuentos clásicos que su propia industria popularizó? ¿Por qué se empeña en destruirlos? Finalmente, son solo cuentos y algunas cosas no deberían cambiar nunca. Sin embargo, si quieres darle una oportunidad, ve al cine y me cuentas.

 

Publicada originalmente en mi columna de prensa Cine Para Llevar

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Me haces falta (Netflix, 2024)

 

¿Quién busca en el cine evasión y olvido? La mayoría de los que vemos películas como una forma de acompañar la vida. Nuestras limitaciones y problemas grandes o pequeños nos perturban y es necesario dejarlos aparcados al menos por algunos períodos de tiempo. Pensar sobre las cosas una y otra vez no es muy útil, al menos eso aprendí con el paso del tiempo, algunas situaciones hay que dejarlas atrás para sobrevivir.

Los personajes de Me haces falta, sobre todo la protagonista, no saben lo que significa dejar ir ni evitar pensar de forma reiterativa en circunstancias, personas y situaciones. Paradójicamente esta serie británica sobre gente que se niega a dejar atrás el pasado es la mejor opción de Netflix si quieres olvidar tus preocupaciones.

Esta ficción basada en una novela de Harlan Coben (quien también participa en su realización) te va involucrando en la historia hasta confundirte de tal modo que no vas a entender el final hasta el último minuto.

Una mujer policía pierde a su padre y a su novio al mismo tiempo por motivos diferentes ¿qué sucedió en realidad en ambos casos? Esta es la premisa fundamental de una historia que tal y como lo sugiere su título habla de la nostalgia por el pasado, pero desde una perspectiva que se va modificando en el presente.

En once años la protagonista no pudo soltar los pensamientos sobre esos hechos que marcaron su vida. Ni ella ni nosotros nos podremos imaginar el misterio que se esconde.

El cine que se sostiene por los cambios del argumento guarda secretos que los espectadores sabemos agradecer. No hay nada mejor que una historia que no imaginamos hacia dónde va o que nos distrae haciéndonos creer que se mueve en una dirección y termina llegando a un lugar muy diferente.

En Me haces falta los personajes son los responsables de los acontecimientos, sobre todo debido a lo que callan y confiesan. Vivir ocultando secretos peligrosos termina siendo un riesgo que puede acabar muy mal si se combina con la ira, uno de los principales detonantes de las tragedias humanas.

En las novelas del escritor español Javier Marias no saber es casi siempre el mejor remedio para salir adelante, en esta serie el desconocimiento es el ancla que ata a los personajes a un pasado del que no quieren huir, necesitan un cierre que tanto ellos como nosotros tendremos hasta la última escena.

En cinco episodios emocionantes descubriremos una historia que es mucho más de lo que esperamos, un relato sobre lo importante que es vivir con la verdad, sobre todo para con uno mismo. La gente que intenta engañarse siempre termina mal. La lealtad más importante es la que te debes a ti.

 

Publicada originalmente en mi columna de prensa Cine Para Llevar

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Babygirl (2024), deseo prohibido

 

Los tiempos han cambiado, ser mujer ya no es sinónimo de sumisión, por el contrario, son cada vez más los espacios en que los obstáculos con los que hemos vivido años anteriores han sido derribados. Las mujeres no queremos un trato especial, deseamos ser tratadas como seres humanos lejos de los estigmas atados al género.

Sin embargo, en la vida íntima todavía existen múltiples prejuicios que han limitado las posibilidades de realización para las mujeres. Babygirl dirigida por Halina Reijn pretende derrumbarlos. El cine, que no es solo mero entretenimiento, puede ser la puerta de entrada a nuevas ideas que cuestionen las creencias de la mayoría. También recoge las inquietudes de cada época, en esta cinta eso es evidente.

La película, que cuenta en los roles protagónicos con Nicole Kidman, Antonio Banderas y el joven Harris Dickinson narra una anécdota común desde una perspectiva renovada.

En el cine siempre es mucho más importante el enfoque que la historia, a fin de cuentas todo ya ha sido contado, incluso las narraciones eróticas que se supone son innovadoras no representan un capítulo inédito en la historia de la gran pantalla.

Las preocupaciones del hombre y la mujer desde que inició la humanidad son siempre las mismas, aunque en cada época les cambien el nombre, entre ellas se encuentran sí o sí el sexo, las relaciones personales y el amor.

Este largometraje habla de lo ya conocido desde un lugar mucho más realista sobre todo para las mujeres que durante años han jugado a ignorarse a sí mismas en muchas áreas, pero sobre todo en la cama.

La vida sexual de las mujeres está llena de tabúes, incluso en esta época, sin embargo, los tiempos están cambiando como podremos ver en este largometraje que logra sorprender positivamente.

Recordando a las películas del director francés Claude Chabrol y las del británico Adrian Lyne, Babygirl, cuenta una historia sobre sexo que es mucho más que eso.

Es un ensayo sobre las necesidades de las mujeres. En estos tiempos, además de facturar como bien cantó Shakira, las mujeres quieren sexo y no están dispuestas a dejar ir las oportunidades.

El largometraje tiene muchos méritos, el primero es que ahonda en las necesidades de los personajes, te las muestra verdaderamente, el segundo es que propone un nuevo enfoque sobre las relaciones humanas, el deseo y todo lo que ocasionan para bien o para mal.

Sin embargo, en esta película a diferencia de otras de igual temática el deseo no termina siendo el detonante de circunstancias turbias, por el contrario, es un modo de conocerse a sí mismo y ahondar en la verdadera personalidad.

Con una banda sonora que incluye al cantante George Michael esta historia de deseo entre una mujer madura y un muchacho reflexiona sobre el rol de la mujer en el sexo o más bien las limitaciones con las que ha tenido que convivir.

Limitaciones que ha decidido dejar atrás en busca de la verdadera libertad, esa que te obliga a exponer tus sentimientos para acercarte cada vez más a lo que quieres y alejarte de los estigmas de una sociedad que pretende imponer una fórmula en la que no encajas.

Ninguna mujer en esta película está dispuesta a quedarse callada o decir lo que otros quieren escuchar. El final tiene un mensaje contundente.

Por eso y por todo lo que vemos antes de llegar al desenlace Babygirl es una película de diez, vale la pena desde el primer minuto hasta el último.

 

 

Publicada originalmente en mi columna de prensa Cine Para Llevar

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viernes, 7 de marzo de 2025

Gene Hackman, un clásico no muere

 

Nadie sabe cómo va a morir o de qué forma terminará sus días. Aunque hayas tenido una vida grandiosa es probable que tu final no lo sea tanto o que te pueda ocurrir alguna eventualidad peculiar que le dé un toque morboso al último capítulo de tu existencia. El reciente fallecimiento de Gene Hackman a los 95 años es un ejemplo de esto.

Hackman fue una estrella y un actor notable, logró mucho en sus más de 40 años de carrera, incluidos 2 Oscar, por lo menos 4 Globo de Oro, 2 BAFTA, entre otros galardones, que se suman a su mayor mérito: una carrera llena de películas memorables. Hizo un cine que no pasará de moda ni en veinte, ni en cincuenta y me atrevo a decir que tampoco en mil años.

Nacido en 1930 en California, Estados Unidos, estudió drama junto a Dustin Hoffman, ambos se conocieron cuando Hackman tenía 27 años y Hoffman 19. Curiosamente fueron votados por sus compañeros de clase en la academia de actuación como dos de los estudiantes con mayores probabilidades de tener éxito en el futuro.

Ambos admiraban a Marlon Brando, era el modelo a seguir como actor y personaje de la industria. Hackman lo había visto en Un tranvía llamado deseo a principios de los años cincuenta, de hecho, él fue la razón por la que decidió convertirse en actor.

Con Dustin Hoffman compartió los primeros años de estudio y la búsqueda de oportunidades, curiosamente fue casi al final que trabajarían juntos en El jurado (2003). Esta fue una de sus últimas películas, ya que al poco tiempo de filmarla decidió retirarse para siempre del mundo del cine.

Hackman no obtuvo la fama en su juventud, ya era un hombre maduro cuando su carrera comenzó a consolidarse a mediados de los años 70. Interpretó en el cine tipos duros, íntegros, conservadores, pero también personajes retorcidos, amorales. En ambos casos supo imprimirles tanta pasión como para otorgarles vida propia.

Desde los años 60 en que protagonizó Bonnie and Clyde (1967) junto a Warren Beatty y Faye Dunaway hasta su retiro a principios del 2000, mostró a través de su versatilidad las dimensiones de su talento.

En los 70 y tras ganarse un Oscar como Mejor Actor por The French Connection (1971) protagonizó una de las películas más populares de esa década, La aventura del Poseidón (1972). Su rol del polémico reverendo Frank Scott le permitió ganar un premio BAFTA como Mejor Actor. Este personaje tiene todas las características de sus mejores interpretaciones: fuerza, fortaleza y personalidad. Para ese momento ya tenía 42 años.

Esta película fue una de las primeras cintas sobre un naufragio que combina acción, drama y buenos diálogos, generando así un largometraje que es capaz de sobrevivir el paso del tiempo.

Han pasado más de cuarenta años de su estreno y continúa generando gran impacto, lo puedes comprobar volviendo a verla en cualquier plataforma de streaming. Esto último está relacionado con la interpretación de Hackman: emociona, te hace ser parte de la historia.

Un camino de oro

En los años 70 compartió créditos con su ídolo Marlon Brando en Superman (1978) gracias a su interpretación de Lex Luthor, rol que desarrolló en tres de las películas de Superman de 1978 a 1987.

Antes había actuado junto a Al pacino en Scarecrow (1973) de Jerry Schatzberg.

Las décadas de los ochenta y noventa quizás son las más recordadas de su carrera. En 1992 obtuvo su segundo Oscar, esta vez como Mejor Actor de Reparto por Los Imperdonables dirigida y protagonizada por Clint Eastwood. Antes realizó una de mis favoritas: Sin salida (1987) junto a Kevin Costner.

Actuó en La firma (1993) junto a Tom Cruise, The Quick and the Dead (1995) con Sharon Stone y Marea roja (1995), con Denzel Washington. También participó en La jaula de las locas (1996) junto a Robin Williams y volvió a colaborar con Eastwood en Poder absoluto (1997).

De igual modo, filmó Al caer el sol (1998) junto a Paul Newman y Enemigo público (1998) con Will Smith, entre tantas otras películas que realizó hasta el momento de su retiro.

El tiempo que parece llevarse todo no puede destruir el arte creado por un hombre cuyo talento excede su periplo en este breve espacio que llamamos vida. El tiempo acaba con la existencia humana tal como la conocemos, pero no con el legado de las personas valiosas.

Nos vemos en el cine Gene, hasta siempre.

 

Publicada originalmente en mi columna de prensa Cine Para Llevar

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El hilo rojo (VIX, 2025)

 


El hilo rojo es una nueva versión de la película argentina homónima estrenada en 2016. Si ya viste la anterior, protagonizada por la China Suarez y Benjamín Vicuña no habrá sorpresa al momento de enfrentar esta nueva historia de amor sobre dos personas que se encuentran y se separan por los giros del destino.

Sin embargo, a pesar de que no hay sorpresas y de que el guión es básicamente igual, esta nueva puesta en escena con otros protagonistas (Carolina Miranda y Michael Brown en los roles principales), seduce y entretiene igual o más que la anterior, quizás por las actuaciones, por la fotografía, por la belleza de los decorados y de los actores, pero sobre todo porque esta historia de amor siendo común y corriente, de esas que todo el mundo conoce o ha vivido, tiene una magia especial.

¿Por qué? Porque en el cine y en la vida lo común se puede convertir en extraordinario si usamos la narrativa apropiada y la llenamos de detalles significativos.

“El mundo depende de sus relatores” escribió el novelista español Javier Marías, pues el cine también depende de la perspectiva de quien nos cuenta la historia.

La película se basa en una premisa fundamental, en la leyenda del hilo rojo del destino. En Japón hay una creencia sobre un hilo invisible que une a las personas que nacieron para amarse, a pesar de las circunstancias.

Esa leyenda asiática nos deja flechados desde el inicio, tal vez porque todos queremos creer que hay alguien en este mundo que conecta con nuestros gustos y manías. Una persona con la que tendremos química para disfrutar de lo simple como comer, ver la televisión o hacer el amor y de lo complejo como enfrentar las enfermedades o la muerte.

En el cine las fantasías sobre el amor venden porque en el fondo, incluso quienes lo niegan, esperan vivir una historia tórrida que incluya a otra persona.

El hilo rojo dirigida por Celso R. García es eso, una fantasía de casi dos horas que nos permite soñar con lo que podría ocurrir si nos encontramos en distintos momentos de la vida con esa persona que ha sido destinada para ser parte de nuestra historia.

La película presenta situaciones sencillas que entretienen, pero sobre todo nos impulsan a pensar que siempre estamos a tiempo para vivir un romance si todavía no se ha presentado.

El largometraje tiene una duración justa, no es muy largo, pero tampoco corto, lo que nos deja disfrutar sin empalagarnos y llegar al final sin perder el impulso ni las ganas.

Los personajes no entienden sus propios sentimientos, tampoco están muy elaborados como para mostrarlos a plenitud, en El hilo rojo no esperes un drama denso, tampoco reflexiones filosóficas. Esta es una película que funciona mucho mejor por lo que imaginamos que debido a lo que realmente ocurre, en ese sentido su desenlace no podía ser otro, es perfecto.

 

Publicada originalmente en mi columna de prensa Cine Para Llevar

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Todos los textos originales de Luisa Ugueto. 2025.