martes, 25 de febrero de 2025

La Ley secreta (Netflix)

 


La serie colombiana La ley secreta debería tener segunda temporada, es tan emocionante y entretenida que genera gran adhesión desde el primer capítulo. Estas cualidades son muy importantes a la hora de engancharse con una ficción larga (dura 60 capítulos) y además sobre un tema poco amigable, como las drogas, la violencia y los pesares que nos rodean en el mundo real.

La policía encubierta ha sido representaba un sinfín de veces en el cine de Hollywood; sin embargo, no es tan regular en largometrajes o en la televisión latinoamericana.

Quizás por eso llama muchísimo más la atención como argumento fundamental en esta serie producida por Caracol que ahora podemos disfrutar en Netflix.

La impresión es mayor cuando en lugar de ser agentes masculinos, asistimos a la historia de mujeres miembros de un cuerpo de inteligencia. Cada una llega a la institución por razones diferentes, pero todas tienen algo en común: la pasión por su oficio, les gusta su trabajo. Precisamente ese entusiasmo es el que logra contagiarnos como audiencia para que podamos empatizar.

La ley secreta no es una serie de denuncia (aunque también podría verse de ese modo), es una ficción que pone en primer lugar las circunstancias particulares de sus personajes (historias personales) y con base en ellas nos muestra retazos de la realidad que puede estar presente en cualquier lugar de América Latina.

La serie es verosímil, a pesar de algunos hechos fuera de lo común que se narran y, sobre todo, se toma su tiempo para explicar la psicología de cada personaje.

Protagonizada por Viña Machado, Luna Baxter, Juana del Río, Valeria Galviz, Toto Vega, Sara Pinzón, Tommy Vásquez, Juan Manuel Mendoza y Luis Mesa en los papeles principales, esta ficción se vuelve adictiva mientras avanza. No hay capítulo aburrido o poco interesante. La serie equilibra muy bien sus momentos, aunque al final quizás puedas decepcionarte un poco; sobre todo, porque tendrás que dejar de estar en contacto con los personajes con quienes llegas a encariñarte.

Cada una de las heroínas cuenta su pedazo de la historia desde su perspectiva. Cada relato, aunque forman parte de un núcleo central, no se relacionan entre sí, lo que los favorece para su buen desenvolvimiento.

En cada capítulo la acción se presenta sin hacer un énfasis total en una sola historia, puede que un episodio comience hablando de un personaje, en el intermedio pase a otro y al final concluya con alguien más. Esto evita la monotonía y nos permite avanzar de forma equilibrada en la trama.

La ley secreta combina acción y realidad, sin dejar de lado el romance en un argumento filmado con profesionalismo en diversos escenarios, incluidos exteriores.

No puedo dejar de mencionar las actuaciones, emocionales y efectivas que nos permiten vivir plenamente la historia. La serie es congruente y armoniosa, retrata la realidad, brindándonos la ilusión de un mundo mucho más ético.

 

Publicada originalmente en mi columna de prensa Cine Para Llevar

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La cultura de la cancelación en el cine

 

Karla Sofía Gascón era la favorita para ganar el Oscar. Su actuación en la película Emilia Pérez (2024) del director francés Jacques Audiard ya le había permitido obtener el galardón como Mejor Actriz en Cannes. Hasta hace poco le rendían pleitesía por ser la primera actriz transgénero nominada al Premio de la Academia. Era un símbolo de una causa noble, una adalid de los derechos humanos.

Unos tuits de la actriz de hace unos años acabaron con su buena reputación. Compañeros de trabajo, actores, comunicadores y público en general han expuesto opiniones en su contra. Netflix la excluyó de la promoción de la película y nadie parece querer defenderla. Ella intentó hacerlo en una entrevista que brindó a CNN, realizada por el crítico de cine Juan Carlos Arciniegas, sin embargo, el resultado fue el contrario.

Más allá de la naturaleza de las opiniones que emitió Karla Sofía en los desafortunados tuits que han salido a la luz, me parece injusta la lapidación moral de la que ha sido objeto.

La cultura de la cancelación destruye la vida y la carrera de cualquier persona, no da lugar a la reflexión, mucho menos al perdón o al análisis de las circunstancias. Todo es blanco o negro, no hay grises.

Al parecer la mayoría (o los que se proponen cancelar sin piedad a cualquier persona) son perfectos y jamás han cometido un error. En internet algunas personas son crueles, no conocen la mesura o el respeto.

Lamentablemente en el mundo del cine últimamente no separan el arte del artista. Se premia por simpatías, se repudia por antipatías, rumores o medias verdades.

¿Qué tienen que ver las opiniones de Karla Sofía Gascón con su actuación en la película por la que ha sido nominada al Oscar? Si fue buena (no lo sé porque no la he visto) ni descubriéndola como la peor criminal se puede cambiar ese hecho. El arte se defiende o se hunde solo.

Picasso al parecer era cruel y mala persona, pero eso no le impide ser también un gran pintor. Separar la obra del artista es vital para entender y apreciar el arte lejos de los prejuicios.

A un odontólogo no le preguntan si odia a los judíos o le caen mal los negros, cuando se busca uno simplemente se toma en cuenta que sepa hacer muy bien su trabajo, que pueda construir bonitas sonrisas. Un mal padre podría ser un buen abogado y un ingeniero brillante,  un abusador de mujeres ¿quién contrata a uno o a otro luego de cuestionarlos sobre su vida personal? Creo que la respuesta es obvia, nadie lo hace.

Si a ningún profesional se le toman en cuenta sus opiniones personales en ámbitos lejos de su profesión, ¿por qué a los artistas se les exige ser perfectos en sus apreciaciones?

No me importa qué dijo Karla Sofía en sus tuits, si es simpática o cae mal porque parece prepotente en las entrevistas, el ser humano es uno y su actividad artística o profesional otra.

En esta época si un actor o cantante no opina lo que un grupo social determinado quiere oír, en materia política o social, de inmediato se convierte en un paria, en un apestado.

La cultura de la cancelación atacó de nuevo, estoy segura que Gascón no ganará el Oscar y si se deja intimidar no va a ir ni a la ceremonia. Es muy lamentable que los tiempos cambien muchas veces para mal.

 

 

Publicada originalmente en mi columna de prensa Cine Para Llevar

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El Oscar 2025 y la Mejor Actriz

 


Los premios son un reconocimiento al talento o al menos así debería ser. Sin embargo, desde hace muchos años los Oscar se han convertido en una plataforma política que otorga sus galardones por razones, muchas veces, lejanas al talento o los méritos artísticos.

Las opiniones están divididas en cuanto a la nominación de la actriz transgénero Karla Sofía Gascón, quien este año compite por el Premio de la Academia como Mejor Actriz.

Algunos dicen que debería estar nominada como Mejor Actor y otros que su nominación es una movida de la Academia por generar polémica y quedar bien, nuevamente, con otra minoría.

En ningún momento pongo en duda su talento o méritos artísticos y personales, pero como la Academia tiene la costumbre de beneficiar a algunos sectores, esta nominación es por lo menos sospechosa.

Parece una obviedad decirlo, pero ningún premio debería ser otorgado por razones extracinematográficas. Ningún actor o actriz merece ganar un Oscar o cualquier otro galardón por su género o raza.

Tampoco deberían influir sus opiniones o las particularidades de la vida privada. ¿Qué tiene que ver el arte con la realidad? Lo que haces en el escenario es todo lo que importa a la hora de juzgar el trabajo de un artista.

En el caso de Karla Sofía Gascón y su nominación como Mejor Actriz tengo mis dudas sobre la categoría donde debería estar nominada. En estos tiempos de inclusión, muchas veces forzada, algunas mujeres transgénero compiten en concursos de belleza femeninos y en competencias de atletismo de mujeres en igualdad de condiciones.

Entiendo y respeto que cada persona tiene el derecho de ser lo que quiera y eso incluye cambiar su identidad o su aspecto físico, pero de hacerlo también debe lidiar con lo que eso representa para el entorno.

Karla Sofía Gascón tiene muchas probabilidades de recibir el Oscar (o tenía porque el escándalo reciente debido a unas declaraciones suyas del pasado, en una sociedad que practica la cultura de la cancelación seguro le afecta), ya ganó el premio en Cannes como Mejor Actriz junto a sus compañeras de reparto por la película Emilia Pérez.

Sin embargo, ¿debería estar nominada como Mejor Actriz o Mejor Actor? ¿Es justo que una mujer transgénero compita con otras mujeres? Estas preguntas no tienen nada que ver con discriminación o transfobia. Una mujer transgénero es una mujer transgénero, no es una mujer. Decir esto no debería ser tomado como una ofensa, es un hecho.

Una mujer transgénero nominada junto a mujeres resta oportunidad a otras actrices que biológicamente nacieron mujer. Ese también es un hecho.

Tal vez, la Academia debería eliminar las categorías y nominar a hombres, mujeres y transgéneros en una sola.

No sé cuál será la solución para evitar el descontento en el futuro, pero siento que la Academia está tan enfocada en ser políticamente correcta que olvida que el cine, más allá del género, la vida personal o la raza de una persona debe centrarse en el talento.

 

Publicada originalmente en mi columna de prensa Cine Para Llevar

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jueves, 6 de febrero de 2025

El extraño retorno de Diana Salazar (2025)

 

La segunda temporada de la serie de Vix El extraño retorno de Diana Salazar, basada en la telenovela homónima, tiene una duración de ocho episodios que pasan muy rápido. Quizás porque la temática genera interés, porque las actuaciones son buenas, tal vez porque hay cambios radicales entre escenas o por la combinación de todos los elementos ya mencionados.

El tema de las vidas pasadas es fascinante. A todos nos gustaría saber quiénes fuimos en otras existencias y las razones de nuestros problemas personales; por ejemplo, si tenemos conflicto con alguien porque en una vida anterior fuimos sus verdugos o si por el contrario esa persona mantiene una deuda pendiente con nosotros. Si fuimos príncipes o tal vez mendigos.

¿Crees en el destino? Esa pregunta te la hace reiteradamente esta ficción que revela una historia de amor que encubre otras. Tu respuesta a ese cuestionamiento incidirá en el grado de interés que te genere esta ficción que cambió mucho de la propuesta original. Uno de los rasgos que mantiene casi intactos son los ojos amarillos de la protagonista y su poder para sanar o destruir, dependiendo de su estado de ánimo.

En El extraño retorno de Diana Salazar, los protagonistas intentan buscar respuestas en el pasado para solventar sus inconvenientes del presente, lo que genera nuevos malestares.

En eso se asemeja un poco a la serie colombiana estrenada en 1995, La otra mitad del sol, donde una historia de amor se desarrolla en épocas distintas, tratando de evitar el trágico final de los protagonistas.

Diana Salazar mezcla el tema de la reencarnación con la magia o la brujería. Lo primero genera reflexión y lo último banaliza un poco la historia que a cada instante pretende ser tomada en serio.

La doctora Diana Salazar (Angelique Boyer) tiene sueños recurrentes que la inquietan y su romance con su colega Mario (Sebastián Rulli) le generará más conflictos que soluciones en su vida cotidiana inestable. En este punto entran a escena Joaquín (Arap Bethke) e Irene (Cassandra Sánchez Navarro), quienes también están vinculados con los protagonistas en esta vida y en las anteriores.

La serie basa su desarrollo mayoritariamente en el tema de la reencarnación, por lo que el pasado y el presente de los protagonistas se mezclan constantemente, lo que nos permite intuir los sucesos que vendrán a continuación.

Sin embargo, es difícil saber plenamente lo que ocurrirá, los personajes cambian de opinión mientras la serie avanza. Esto último los hace a nuestros ojos más verosímiles y al mismo tiempo más atractivos. No es esta la típica historia de buenos y malos; en Diana Salazar, ni la protagonista es un dechado de virtudes ni su contrafigura es una bruja. En esta versión, al menos hasta esta temporada, se busca humanizar a estos personajes que terminan siendo simplemente hombres y mujeres que por ratos no saben ni para dónde van.

En realidad, nosotros, los espectadores, tampoco sabemos mucho sobre las pretensiones de los realizadores de la serie, quienes consiguen engañarnos hasta el final y generar una nueva expectativa hasta la llegada de la temporada número tres. Espero que no se haga esperar seis meses más.

 

Publicada originalmente en mi columna de prensa Cine Para Llevar

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Todos los textos originales de Luisa Ugueto. 2025.